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| Un Maestro. Uno de los jueces de la noche del miércoles enseñando y sacando las dudas al jugador de B.D.S. |
Antes de iniciar el encuentro, ambos jueces empiezan el ritual de todos los partidos, como un profesor charla con sus alumnos, ellos les explican,enseñan y recuerdan los cuidados y valores que deben tener durante los minutos de juego.
En esta ocasión no iban a tener mucha influencia en el resultado, solo pequeños errores que un árbitro de cualquier deporte puede tenerlo. El cotejo fue para B.D.S que goleo a Vélez 3 a 0.
Ellos pueden vestir remeras de distintos colores: Rosa, negra, verde, flúor, celeste y todos los colores habidos y por haber, pero lo único que no cambiara jamas será sera su pantalón y zapatillas blancas, tan parecido como la vestimenta de un heladero.
Estos señores, en este caso vestidos de verde esperanza. Tienen la misma función de cualquier árbitro, "impartir justicia". Su camino es la linea de banda, como un tren que va y viene. Tiene prohibido pisar el rectángulo de juego, aunque algunas veces lo hacen. ¿Quien les va a decir algo? Ellos tienen el control.
El silbato, su mejor amigo, es el encargado de hablar en el inicio y el final del juego,dar la orden para sacar luego de un gol, señalar una falta y pitar los que todos se lamentan, el penal.
Sus otras amigas son las tarjetas, en este caso colores vivos como el amarillo, azul y rojo.
Al cobrar una falta, se descarrila de su ruta y se dirige a la mesa de control, es ahí donde con una voz imponente comenta: "Falta y amarilla para el número 3 de B.D.S" acompañado de su voz, van las señas, muy parecidas a la de un "refe" de básquet, y ¿Por qué no? Movimientos muy parecidos a los de un mimo.
Sus palabras dentro del campo son: "Sigue no salió toda, juga o te amonesto"
Tras cada minuto pedido por los entrenadores, y en el entretiempo, los jueces se juntan en el centro de la cancha y hablan sobre los errores y también de su buen desempeño.
El "beep" "beep", aturde el silbato, señala el final del partido teniendo victoriosos y derrotados. Ambos "refes" esperan el saludo de los protagonistas, como es habitual luego de cada partido. Palabras van, palabras vienen, algunos le dan las gracias, otros les reclaman, eso si siempre con respeto.
En pocos minutos volverán a realizar su rutina, otro partido les tocará dirigir. Al final de la jornada laboral, se cambian, analizan y memorizan cada partido,luego parten a casa para que, al otro día, vuelvan a trabajar de lo que más les gusta, ser árbitro de fútbol de salón.
El ritual de todos los días antes del partido.

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